La inauguración de la renovada Casa de la Cultura de Manilva, un espacio clave para la vida cultural y social del municipio, termina convirtiéndose en el centro de una disputa política entre los distintos partidos con representación institucional, desplazando el foco de lo verdaderamente importante: que Manilva cuenta desde hoy con unas instalaciones necesarias y muy esperadas.
Ayuntamiento, Partido Popular, PSOE y en su día VOX han difundido en sus respectivas redes sociales comunicados y valoraciones en los que cada formación reivindica su papel en el proyecto o cuestiona la gestión realizada. Un cruce de mensajes que, lejos de poner en valor el resultado final, generan «bronca política» en torno a una infraestructura que debería ser motivo de consenso.
Desde el Ayuntamiento se ha destacado el acto de inauguración y las mejoras acometidas en el edificio, que alberga la Biblioteca Municipal y el Hogar del Pensionista, subrayando su funcionalidad y su reapertura al servicio de los vecinos.
Por su parte, el Partido Popular ha reivindicado la planificación, licitación y presupuesto del proyecto durante su etapa de gobierno, aportando una cronología detallada del proceso y criticando que el actual Ejecutivo municipal inaugure una obra que —según sostienen— no impulsó.
El Grupo Municipal Socialista, en cambio, ha centrado su mensaje en la necesidad de aclarar los posibles sobrecostes y la falta de control técnico durante la ejecución de las obras, insistiendo en que no se oponen a la infraestructura, sino a la forma en que se ha gestionado el dinero público y los sobrecostes sobre el presupuesto inicial «una obra que valía 200.000€ no puede terminar costando 400.000€» .
A esta controversia se suma el papel que VOX dio a conocer hace exactamente un año, cuando informó de la aprobación por unanimidad en la Diputación Provincial de Málaga de esta iniciativa impulsada por este partido, a instancias de su concejal en Manilva, Antonio Marín, para promover la rehabilitación integral de la Casa de la Cultura. Dicha propuesta se basaba en informes técnicos que alertaban del deterioro estructural del edificio, los problemas de seguridad y la falta de accesibilidad, circunstancias que habían limitado su uso y obligado al traslado de actividades municipales.
Así, un proyecto que ha contado con informes técnicos, acuerdos institucionales y respaldo político en distintas fases, acaba hoy diluido en una pugna por el relato y el rédito partidista. Una situación que genera una sensación de tristeza entre muchos vecinos, que ven cómo la reapertura de un espacio cultural y social fundamental queda relegada a un segundo plano frente al enfrentamiento político que crispan cada vez más a cualquiera.
La Casa de la Cultura es, ante todo, un equipamiento público al servicio de Manilva. Su rehabilitación debería ser entendida como el resultado de un proceso colectivo y no como un trofeo político. Quizá el verdadero reto pendiente no sea decidir quién se cuelga la medalla, sino lograr que, en futuras actuaciones, la cooperación institucional prevalezca sobre la confrontación, para que el progreso del municipio esté siempre por encima de las siglas.









