La falta de personal y medios está convirtiendo a Manilva en un nuevo centro de operaciones para las mafias que huyen de la presión en el Campo de Gibraltar. La creciente presión policial en el Campo de Gibraltar ha provocado un desplazamiento de las redes criminales hacia otras zonas, encontrando en esta localidad malagueña un lugar con menor oposición para continuar con su actividad delictiva.

Una «barra libre» para los narcos

Antonio García, un agente de la Guardia Civil con seis meses en el puesto de Manilva y una experiencia de seis años en el Campo de Gibraltar, describe la situación como una “barra libre para ellos”. Según explica, los traficantes conocen perfectamente los movimientos de las patrullas. “Ellos saben en cada momento dónde estamos. Por las mañanas, de lunes a viernes, dónde está la patrulla normalmente? En el juzgado, con los detenidos”.

Esta rutina judicial matutina, sumada a que solo hay una patrulla para cubrir una demarcación muy extensa, otorga a los narcos una gran ventaja. “Simplemente manteniéndonos un control a la patrulla por las tardes y noche, saben dónde pueden descargar sin problema”, lamenta el agente García.

La advertencia de sus propios compañeros antes de su traslado se ha convertido en una cruda realidad. “Siempre he querido pedir el puesto de Manilva y los mismos compañeros me decían que no lo pidiera por la falta de personal. Lo primero que te dicen es: ‘Aquí te vas a encontrar solo’. Y efectivamente, cuando he llegado, te das cuenta de que es que te encuentras solo”, relata.

Falta de medios para combatir el crimen

La escasez no es solo de personal, sino también de equipamiento básico. Antonio García pone un ejemplo claro de esta indefensión: la ausencia de cámaras térmicas. “No me pueden mandar a ver una embarcación a la playa a las diez de la noche cuando no tengo ni una térmica, ¿cómo veo yo una embarcación sin una térmica? Es imposible”.

El portavoz de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), Rafael Sánchez, confirma este diagnóstico. Explica que “la delincuencia organizada y el narcotráfico llevan tiempo desplazándose” ante la mayor presión en el Campo de Gibraltar, que ha sido dotado “de más medios y más recursos humanos”. Como consecuencia, buscan salidas en otras zonas como Huelva, Almería o la costa de Málaga, donde “les pilla muy bien, les pilla muy cerca”.

La plantilla de Manilva, compuesta por apenas una treintena de agentes, debe repartirse entre el trabajo de oficina, la investigación y la patrulla en la calle. Esto provoca que, habitualmente, solo haya una patrulla activa, que en ocasiones debe incluso cubrir demarcaciones de puestos cercanos que se encuentran “igual o peor”.

Impotencia y miedo ante el narco

Esta precariedad genera impotencia al enfrentarse a los delincuentes. Rafael Sánchez denuncia que los agentes se miden a “narcolanchas mucho más rápidas que las embarcaciones de la Guardia Civil” y que, para cuando una embarcación oficial llega a la zona de un alijo, los narcos ya se han ido. Desde tierra, la situación es similar, teniendo que enfrentarse a traficantes que portan “armas de guerra”, mientras los guardias civiles no.

Otro problema grave es la falta de vehículos adecuados. Los coches patrulla no están adaptados para “acceder a zonas rurales, a caminos y zonas costeras con esa orografía”, por donde los narcos escapan con la mercancía. “En algunos puntos es imposible entrar con esos vehículos”, afirma Sánchez.

Esta situación deriva en que los agentes trabajen con miedo mientras los narcos “actúan con total impunidad”. “Si hay una unidad especializada, un helicóptero y embarcaciones de las mejores, se puede luchar. Pero si le tiene que hacer frente una o dos patrullas a pie de tierra, con un vehículo que no es el más apropiado y sin armamento, es imposible”, reflexiona Sánchez. Y concluye: “Lo que no se puede reclamar es a los guardias civiles que sean héroes, que vayan a pecho descubierto, a que les maten”.

Ante esta grave situación, la AUGC ha solicitado formalmente por escrito tanto al Director Adjunto Operativo (DAO) de la Guardia Civil como al subdelegado del Gobierno en Málaga, Javier Salas, un incremento urgente de la plantilla y de los medios materiales para poder hacer frente a la nueva realidad del narcotráfico en la Costa del Sol.

 

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