A plena luz del día, en el Puerto de la Duquesa, en Manilva varios encapuchados desembarcan junto a los pantalanes y cargan garrafas con combustible. Alguien les graba y le amenazan. Son narcotraficantes que se aprovisionan de gasoil para alijar hachís o cocaína apenas unas horas después. No sucedió hace meses ni hace semanas. Ocurrió hace apenas unos días, cuando ya regía el estado de alarma decretado por el Gobierno central para contener la propagación del coronavirus. Y no es una excepción.

En las redes sociales, perfiles como el de la Asociación de Policía Aduanera y Fiscal están denunciado la impunidad con la que están actuando en estos días de excepcionalidad los narcos.

La pandemia que mantiene confinados en sus casas a millones de españoles no parece tener efecto entre los narcotraficantes que operan en las costas andaluzas, especialmente en las del Campo de Gibraltar, durante años la zona cero del tráfico de drogas en el sur de Europa y que se resiste a dejar de serlo, pese a la presión policial que viene experimentando y a pesar, también, del coronavirus.

Desde Almería hasta Huelva, siguen operando las bandas de narcotraficantes y de eso dan fe algunas operaciones que está llevando a cabo la Guardia Civil pero que están pasando desapercibidas. Entre otras cosas, porque el instituto armado no está informando, al menos por el momento, de las incautaciones de droga y detenciones de traficantes.

Sin embargo, según ha podido saber EL MUNDO de Andalucía, en los últimos días se han llevado a cabo varios operativos contra el narcotráfico, con incautaciones de estupefacientes y arrestos. Nada extraordinario, pero por eso mismo, porque es lo ordinario, resulta revelador. Los narcotraficantes no están confinados ni han dejado de trabajar.

La presión policial

La evidencia la confirman, además, desde la propia Guardia Civil, que se centra en estos días y destina la mayor parte de recursos a la lucha contra el coronavirus y a mantener la seguridad ciudadana, pero que no descuida la vigilancia y la batalla contra el narco. Eso sí, señalaron las fuentes consultadas, la presión no es la misma y algunas operaciones se podrían ver ralentizadas.

Quienes dan la batalla del narcotráfico cada día tienen claro que ni el coronavirus ni el estado de alarma van a detener el flujo de droga que viene desde el norte de África, principalmente desde Marruecos, en dirección a Europa. Ni el cierre de fronteras, sean terrestres, marítimas o áereas. Lo resume, muy gráficamente, un guardia civil consultado: “En Marruecos hay droga, en Europa clientes y hay mucho dinero”.

Eso sí, en lo que coinciden las distintas fuentes consultadas es en que las bandas de narcos van a tener que modificar, en todo o en parte, su modus operandi para hacer frente a nuevos riesgos derivados de la situación de alarma. Sobre todo, por las limitaciones de movimientos que han vaciado calles y carreteras, con lo que el transporte de la droga se hace más arriesgado. A lo que se suma que el SIVE, el Sistema Integrado de Vigilancia Exterior, sigue activo y funcionando.

Aunque la capacidad para adaptarse a las circunstancias por parte de los narcos está sobradamente demostrada. Ya lo han hecho antes, como con la prohibición de las narcolanchas, las gomas, que el Ministerio del Interior ilegalizó y que han sido sustituidas por embarcaciones de recreo.

Pero, al menos en estos primeros días, señalan, “están moviéndose con total impunidad”, algo en lo que puede tener que ver la escasez de efectivos que no ha cesado de denunciar la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), que viene poniendo de relieve desde hace meses la falta de refuerzos en puntos calientes como el Campo de Gibraltar.

En esta comarca, la coyuntura podría ser aprovechada por los clanes emergentes que han despuntado después de las desarticulación de las grandes organizaciones históricas y la detención de los señores de la droga, como los hermanos Tejón, más conocidos como Los Castaña.

Uno de esos grupos que sobresalen es el llamado clan de los Pistolas, cuyo líder ambiciona copar el mercado como antes lo hicieron los Castaña, y que mantiene excelentes relaciones con la delincuencia organizada de la Costa del Sol, Ceuta o Marruecos. Sus miembros, de hecho, están usando las gomas que los Castaña tenían en esos puertos.

“El narcotráfico no ha parado”, sentencia otro guardia civil destinado en Cádiz. Ni siquiera en tiempos del coronavirus.

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